La presente edición de las 24 horas de Le Mans, ha respondido a las expectativas iniciales en lo referente a la categoría GT y concretamente en GT2 pues, aun manteniéndose la GT1, las marcas han trasladado sus equipos oficiales a la teórica categoría inferior.
Pero claro, los hermanos pequeños han corrido más que los más grandes, por calidad de pilotos y por estructura de equipos.
En liza, Corvette, Ferrari y Porsche, con sus pilotos estrella.
Fue uno de los Ferrari oficiales el que se mostró el más rápido en los entrenamientos cronometrados, con ambos coches de Corvette Racing muy cerca a sus espaldas. Pero tras una irregularidad técnica, le mandaron al final de la parrilla, dejando a ambos Corvette en primera línea.
En carrera, el Ferrari mejor situado, se enzarzaba en una lucha de ocho horas con el Corvette de Gavin, Beretta y Collard, una lucha pocas veces vista pues, si bien siempre existe esta en las 24 horas, viene a ser en la distancia, manteniendo las diferencias. En esta ocasión era cuerpo a cuerpo, como si de una carrera de sprint se tratara. Y fue quizás ese ritmo y presión, la que llevó al garaje al Ferrari con supuestos problemas de cambio y a su posterior abandono.
Por otra parte, el Corvette de Antonio, Magnussen y O’Connell, siguió esa lucha a un minuto de distancia. El primer Safety Car les hizo perder contacto con la cabeza, propiciado a su vez por un problema en la electrónica del motor. Esta hizo que el consumo de carburante aumentara, obligándoles a dosificar la marcha desde los primeros compases, para ser capaces de completar las 14 vueltas programadas de cada turno.
Finalmente tuvieron que fijar sus turnos en 13 vueltas, lo que significaba que tendrían una parada adicional hasta final de carrera. A partir de entonces, estuvieron probando de reducir la diferencia en las paradas, haciendo tres turnos con un mismo set de gomas en alguna ocasión y en mantener un ritmo alto para presionar al otro Corvette y controlar al Porsche perseguidor.
Así lo veía Antonio:
“Tenemos un problema de consumo que nos ha obligado a ralentizar la marcha en la última vuelta de cada tanda, por el riesgo de quedarnos sin gasolina, luego además, nos ha perjudicado un safety que, solo de haber salido unos segundos más tarde, nos hubiera dado la cabeza y en cambio ha hecho que nos retrasáramos aún más.
"Ahora tendremos que hacer paradas a 13 vueltas, una menos que nuestros rivales que, traducido toda la carrera, será una parada adicional. Con esto y otros problemas al menos estamos segundos y queda mucha carrera. Todo puede pasar”.
A las siete de la mañana, Antonio entraba a sustituir a O’Connell y las distancias se habían apretado pues el Corvette 64 había alargado su parada para sustituir discos.
Todo apuntaba a que Antonio aprovecharía la oportunidad para alcanzarle y meterle presión, pero no ha habido tiempo. El coche solo ha hecho Hunadiers y se ha roto.
Antonio explicaba lo sucedido:
“ Ha sido nada más salir, al llegar a la primera chicane de Hunadiers, algo se ha roto en el motor, la presión se ha ido y he intentado llegar a boxes a marcha lenta pero, pasado Hunadiers se ha parado completamente“.
“Teníamos complicada la victoria, por la penalización del consumo, pero estábamos luchando por ello. Acabar así después de dos victorias no sienta nada bien, pero ya tendremos tiempo de resarcirnos, tenemos un coche ganador como se ha demostrado.”
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