No hubo opciones en la anterior carrera con el equipo Sprint of Daytona, con el chasis Coyote al no tener ni tan siquiera la opción de subirse por el prematuro abandono, pero el equipo rápidamente se ofreció a Antonio para montar un segundo coche, sobre la evolución de Coyote de este año y buscando como compañero al también ganador de Daytona Rice.
Tras unas jornadas de test, los tiempos eran esperanzadores pues, compartiendo pista con los mejores del campeonato, los tiempos de Antonio eran de primera línea y esto les llenaba de confianza para debutar en Daytona.
Pero las cosas no fueron tan bien como parecía y, sin tiempo apenas de entrenar y con más tiempo el coche en el box que en la pista poco se pudo hacer para situar al coche en las primeras filas de la parrilla. Además, el coche lo clasificaba Rice, quedando Antonio como responsable de hacer el relevo final, mas largo y decisivo en este tipo de carreras.
Con el corono 11, tan solo esperar que las banderas amarillas mantuvieran agrupados los coches, pero un problema en los frenos motivó una entrada en boxes y dos vueltas de desventaja. Ante esto ya poco se podía hacer en una carrera a un máximo de 2,5 horas, salvo que aparecieran las banderas amarillas necesarias y en el momento preciso.
No solo no ocurrió eso si no que la bandera la provocó el propio Antonio cuando, un pinchazo en el óvalo le catapultó contra el muro llevándose un buen susto y dejando destrozado el coche. "Mal empezaron las cosas y mal terminaron pues no conseguimos una puesta a punto suficiente y no estábamos bien clasificados. Además, problemas de frenos nos hicieron perder vuelta con la cabeza con lo que tan solo cabía pensar en estar lo mejor situado y que las banderas nos permitieran recuperar las vueltas.
Empecé a remontar posiciones apretando al máximo y los tiempos parecían ser lo suficientemente buenos para poder disputar las primeras plazas en caso de recuperar esas vueltas, pero de repente un reventón y salí despedido contra el muro. Realmente una sensación que se podría resumir en "miedo", de ver como el coche sin poder hacer nada se estrellaba al máximo de velocidad y en pleno apoyo. Y, esperando que eso fuera todo y que no se produjera además una melé.
El coche quedó maltrecho, pero afortunadamente salí sin problemas por mi pie y pasando a engrosar el número de pilotos que han vivido esa experiencia pues debía ser de los pocos, por no decir el único, que no lo conocía. |